viernes, 26 de noviembre de 2010

26 de noviembre de 2010

Hoy nos hemos levantado tranquilamente, ayer estuvimos observando estrellas en el hemisferio sur hasta las 2h, así que hemos decido no madrugar, el hotel tenía el check out a las 10:30 y a las 10:29 salíamos por la puerta... desayunamos tranquilamente en el Bakery & Coffee una muffin con un café con leche (latte) con vistas al lago, que esta mañana está especialmente bonito... ha amanecido soleado y eso significa que se puede ver el color turquesa de sus aguas...

Como hoy no tenemos mucha prisa decidimos recorrer la ribera del lago en sentido contrario a como lo hicimos ayer, la cámara hecha humo, mires a donde mires quieres capturar ese momento para siempre, pero ninguna cámara puede guardar las sensaciones, ese color, los reflejos del sol sobre sus aguas, el sonido de las pequeñas olas en su superficie, la fresca brisa sobre la piel, el olor a bosque... todo es perfecto... bueno, si el grupo de japoneses no estuviera revoloteando por todas partes e intentando robarnos planos.

Al cabo de un buen rato decidimos ponernos en camino hacia Oamaru, vamos por la carretera del interior, así pasaremos por el lago Pukaki, el Monte Cook, Twizzle, ….

Vamos conduciendo tranquilamente por la SH8 aun comentando lo maravilloso que nos ha parecido Lake Tekapo, que nos jubilaríamos allí, cuando de repente, despues d una curva y un cambio de rasante... aparece el lago Pukaki... nos quedamos los dos sin palabras, a mi personalmente se me puso la piel la de gallina y no me salían las palabras. Jordi empezó a buscar una zona donde poder parar, hacer unas cuantas fotos y recuperarnos de la impresión.

No éramos los únicos que habíamos pensado lo mismo, dejamos el coche como pudimos en la cuneta, cámaras al cuello y ahí nos ves, con cara de tontos, la mandibula practicamente desencajada... parecíamos dos niños pequeños en la mañana de reyes... la imagen del lago, con esas aguas opalinas, el cielo azul intenso y el Monte Cook de fondo... sin palabras...

La carretera seguía bordeando el lago, paramos en un area de descanso y nos comimos un sandwich en una mesa mirando el lago... el restaurante con las mejores vistas que pudimos encontrar, el momento era símplemente perfecto, no podíamos pedir más.


Con tristeza en el corazón dejamos el lago Pukaki a nuestras espaldas, nos adentrábamos en la región de Otago... paramos el pueblo de Twizel, que no tendría nada de especial pero allí se encuentran los campos del Pelennor... como frikis que somos fuimos a informarnos de los tours, ya que es terreno privado...pero ya era tarde y no pudimos hacerlo, ohhhhhhhhh...

A la altura de Omarama cogimos la carretera 83, tambien autopista, pero como ya hemos comentado sus autopistas no son lo mismo que aquí, bastantes curvas en este caso, aunque eso si, buenas vistas, lagos a derecha e izquierda, bosques, montañas y un cielo azul... A la altura de Otekaieke (si, los nombrecitos maoris son de lo más... complicado) vimos un cartel de pinturas rupestres en roca maorí (Takiroa Maori Rock Art), aparcamos y cuando bajábamos del coche un chico nos dijo que estaba cerrado, le dimos las gracias por avisarnos y nos preguntó que de dónde éramos (es evidente que nuestro ingles nos delata) “Spain” oimos la voz de una chica “soys españoles?, yo tambien!” resulta que ella era de Burgos y él de Viena, estarian unos 2 meses recorriendo Nueva Zelanda con su niña de 22 meses (hasta los 24 no pagan en ningun sitio). Ellos tambien iban a Oamaru a ver los pingüinos pero antes pararían a ver las Elephant Rocks que estaban de camino...nosotros lo habíamos descartado porque creíamos que se nos iba de la ruta, pero nos enseñaron su guia (nos lo apuntamos para comprarla, muy completa y con todos los puntos de interes marcados) y bueno, nos estubimos persiguiendo todo el dia.

A la altura de Duntroon vimos las señales para ir a Elephant Rocks, aquí se rodó la escena de la batalla en el campamento de Aslan de las Crónicas de Narnia. En cuento entramos ves claramente de que escena es, es exactamente igual, solo te faltan leones, centauros y demás luchando.


Despues de tirar mil fotos volvimos a la 83 y a la altura de Pukeuri cogimos de nuevo la SH1 hasta Oamaru. El hotel estaba en la misma carretera principal, asi que hicimos un check in rápido, la chica de recepción nos dio un mapa y nos indicó donde y cuando ir a ver a los pingüinos...

Primero fuimos a ver los pingüinos de ojos amarillos, en la zona norte del pueblo, ver estos es gratis, hay una zona de observación libre y los pingüinos llegan a la playa que hay justo debajo, está prohibido entrar en la playa en la época de cría (que es justo ahora). No llegamos a tiempo de ver cómo llegaban a la playa desde el mar, pero si tuvimos ocasión de ver algún pingüino despistado, incluso un par de ellos bastante cerca de la zona de observación.

Después fuimos a la colonia de pingüinos azules, en este caso han montado un tinglado importante para verlos, previo pago de 25 $, pero como habíamos hecho los deberes, en la mayoría de blogs que habíamos leído decían que desde el parking se veian perfectamente... así que decidimos ahorrarnos 50$ y esperar, alli nos volvimos a encontrar a la pareja austroespañola que tambien esperarian en el parking... así que nos sentamos en el bordillo y a esperar... pensábamos que ya no veríamos pingüinos, se hacía tarde y los que habían pagado la entrada al centro de visitantes empezaban a salir... pero entonces oimos unos ruidos (las crias llamaban a los padres) y allí estaban, unos minipingüinos de unos dos palmos de altura (monísimos) que iban por la playa en busca de sus crias. Estuvimos un buen rato y cuando ya nos íbamos paramos ell coche de repente, un grupito de pingüinos estaban cruzando la calle, todos en fila la mar de graciosos y esperando a que los humanos se apartaran, yo estaba emocionada, los tenía a menos de medio metro y eran una cucada!!! la pena es que ya era oscuro y las fotos no salían, había que tirar sin flash para no traumatizar a los pingus, así que bueno, la experiencia es lo que nos queda.

Y así, emocionados por el encuentro pingüinil nos fuimos de nuevo al hotel, mañana nos esperaban más aventuras.

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