miércoles, 24 de noviembre de 2010

24 de noviembre de 2010

Hoy empieza nuestra aventura Kiwi, quizás lo más difícil que tengamos que hacer en la Tierra Media... Ni luchar contra enormes orcos de colmillos afilados ni enfrentarnos a poderosos magos corrompidos por el ojo de Sauron... no, lo más difícil será CONDUCIR POR LA IZQUIERDA EN UN 4X4 QUE ES 4 VECES MÁS ANCHO Y MÁS LARGO QUE MI COCHE!!!!!!

Pues eso, que prontito por la mañana hemos ido a recoger a nuestro flamante Toyota Highlander, un precioso Todocamino de hasta 7 plazas color rojo pinta uñas, si llegamos a saber que es tan grande no reservamos hoteles y nos compramos un colchón!

La primera toma de contacto ha sido un tanto estresante, lo cogimos automático porque ya cambiar de marcha con la mano izquierda hubiera sido demasiado para dos hobbits como nosotros... pero yo no estoy acostumbrada a tener el pie izquierdo sin hacer nada, y claro... semáforo en rojo, piso el freno con la izquierda y el acelerador sigue ligeramente apretado con la derecha, el monstruo rojo se bloquea y pega un frenazo de cuidado (menos mal que este no pita como los canadienses), y yo pensando porque pegaba esos frenazos el coche... hasta que me doy cuenta de que estoy apretando el freno con la izquierda... pie izquierdo no existe para los coches automáticos!

Después del momento crisis con el cambio automático que pensé que ya había superado en mis viajes el año anterior (tengo que viajar más a menudo para no olvidar) llega el segundo momento crítitico... girar...

Vale, lo primero, intermitente, mierda, esto es el limpia, el intermitente está en el otro lado (como todo) vale ahora paro el limpia, pruebo todas las posiciones posibles y esto no se para... al final no se cómo, pero se para... conseguimos salir del centro y vamos hacia la autopista (en NZ se creen que esto es una autopista... ejem, están muy bien asfaltadas y eso, pero para mi una autopista tiene más de un carril por sentido). De repente el siguiente reto... una rotonda... de verdad es como si me acabara de sacar el carné de conducir... ceder el paso al que te viene por la derecha y salirte por la izquierda acertando en cómo poner los intermitentes...

Siento toda la crónica de mi gesta al volante, pero necesitaba ponerlo por escrito para reírme de mi misma, ahora y en el futuro, porque cada detalle es importante, sobretodo para el que lo ha vivido y no quiere olvidar...

Salimos de Christchurch y tomamos la SH1 (South Highway 1) dirección Picton, nuestro destino, Kaikoura. Al principio un tanto inseguros en nuestra recién adquirida montura pero a medida que pasa el tiempo y los kilómetros nos damos cuenta que aunque grande es muy dócil y vamos cogiendo confianza, el recorrido hasta nuestro destino es de unas 2h 50 minutos, en kilómetros no son tantos pero hay que recordar que el límite de velocidad es de 100 Km/h y las carreteras tampoco permiten correr.

Al llegar a Kaikoura el paisaje es sobrecogedor, “breathtaking” es la palabra que me viene a la mente cuando recuerdo lo que sentí al ver ese mar tan azul, con las montañas nevadas llegando prácticamente a tocarlo y ese cielo de color añil intenso... ninguna fotografía logra hacer justicia al lugar...


Tenemos contratada una excursión para ver ballenas a las 12:45h, cuando llegamos la de las 12h está cancelada porque las ballenas están demasiado lejos, nos dicen que esperemos... vamos a comer algo a la cafetería que tiene unas pantallas con las expediciones y de repente vemos que cancelan el nuestro... noooooo.... vamos al mostrador y nos lo cambian para las 16h, la última oportunidad... para hacer tiempo paseamos por la playa, vamos al pueblo y hacemos unas compras en el supermercado.


volvemos sobre las 15h al centro de expediciones y vemos que se han cancelado todas... nos quedamos sin ver ballenas, no me lo puedo creer, el 95% de personas que van a Kaikoura ven ballenas y yo formo parte de esa desgraciada minoría...

Un poco decepcionados cogemos la Lonely planet y empezamos a leer en busca de alternativas, vemos que un poco más al sur, en Point Kean hay una colonia de focas, así que para allí nos dirigimos. Dejamos el coche en una zona de aparcamiento mochilas y cámara en mano en busca de focas.

No tardamos en encontrarnos con una foca muy cerca, parece que esté posando para las fotos y más a lo lejos se ven bastantes más, incluso vemos delfines (aunque no nos dio tiempo a hacerles fotos...). Por cierto, se ve que hay que dejar una distancia de 10 metros con las focas y no interponerte entre el mar y ellas porque si no te atacan... eso es lo dicen los carteles, aunque me cuesta creer que esta ricura pudiera atacar...



La verdad es que el no ver ballenas me entristeció un poco, pero al final la excursión fue preciosa, el paisaje espectacular, el camino divertido y la experiencia inolvidable.


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